Japonismo
La fascinación por el arte japonés

Caixa Forum Barcelona presenta, del 14 de Junio al 15 de Septiembre de 2013 esta exposición que muestra por primera vez la influencia del arte japonés en los autores españoles a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

El Japonismo es un término que se refiere a la influencia de las artes niponas en los artistas occidentales, y podría decirse que nació en la década de 1860 con la apertura de Japón al exterior, aunque realmente se inició en el siglo XVI, cuando existió cierta relación entre España y Japón a través de los misioneros y comerciantes hispano-lusitanos que visitaron el país del sol naciente.

Al igual que el orientalismo (fascinación por la exótica cultura oriental) floreció en Francia e Inglaterra durante el colonialismo, en España el novedoso exotismo japonés influyó en numerosos artistas, especialmente catalanes, y en casi todos los campos ligados al arte como pintura y gravado, dibujo e ilustración, joyería y decoración, literatura y cine. El japonismo aportó temas, motivos, composiciones, técnicas, formatos y, en definitiva, una imaginación poética y una visión del arte que hicieron cambiar los gustos y revelaron todo un mundo de nuevas ideas, formas y colores, de donde bebió el arte occidental de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX y a partir del cual se renovó. Y aunque este fenómeno ha sido estudiado en profundidad en muchos países, en España sigue siendo un gran desconocido, de aquí la importancia de esta exposición, que muestra a lo largo de las más de trescientas piezas expuestas, muchas de ellas mostradas en público por primera vez, la historia de esta fascinación, desde las primeras obras de arte namban de hace más de cuatrocientos años, a obras seleccionadas de Marià Fortuny, Pablo Picasso, Alexandre de Riquer, Santiago Rusiñol, Darío de Regoyos, Adolfo Guiard, Oleguer Junyent, Joan Miró, etc. La exposición es el resultado de un largo proceso de investigación que ha permitido revelar un gran número de obras japonistas existentes en España, y especialmente en Cataluña.

La exposición se inicia con una breve aproximación a los primeros contactos entre ambas culturas en el período comprendido entre 1549 con la llegada de los jesuitas a Japón, y 1624 con el cierre de las fronteras japonesas al mundo exterior. Las primeras relaciones fueron muy fructíferas, y llegaron a España numerosas obras de arte, sobre todo lacas, realizadas con técnicas japonesas, pero con diseños cristianos. Sin embargo, la prohibición de predicar el catolicismo, la expulsión de portugueses y españoles de Japón y el posterior cierre total de las fronteras del país cortaron de raíz estas relaciones, hasta el punto que muchas obras de origen japonés que se encontraban en España con el paso del tiempo se olvidó totalmente cuál era su origen.

En 1868 Japón volvió a abrirse a occidente con la Restauración Meiji, y a lo largo de la década de los setenta los artistas europeos descubrieron el arte japonés como fuente de inspiración y renovación estética. Así, el arte japonjés dejó una profunda huella en el Art Nouveau y el modernismo, así como en otras corrientes artísticas de principios del siglo XX como el impresionismo, el simbolismo y el Aesthetic Movement.

El Descubrimiento de Japón

Esta primera etapa de relaciones entre ambos países se inició en 1543 cuando una nave a la deriva arribó a las costas japonesas con unos comerciantes portugueses a bordo, y finalizó con el cierre del país a los extranjeros. Durante este período se desarrolló el denominado arte namban (o arte de los "bárbaros del Sur") y fue intenso y fructífero, si bien breve.

Japonismo, un fenómeno internacional

La apertura de Japón al mundo con la Restauración Meiji aportó un nuevo flujo de ideas para los artistas europeos, del que a partir de 1860 surgió un proceso de reconocimiento, adopción y reinterpretación del arte japonés. La capital cultural de esos momentos, París, fue el epicentro de este movimiento, pero su influencia fue mucho más generalizada, extendiéndose por toda Europa. Entre otras novedades, aportó nuevas aplicaciones del color, con superficies de color plano, contornos marcados y nuevos encuadres, perspectivas y puntos de vista. Por otra parte, las artes de Japón difundieron temas y motivos renovadores, dominados por composiciones asimétricas, así como por una nueva forma de representar la naturaleza, más esbelta, libre y armónica.

La llegada del Japonismo a España

Marià Fortuny fue uno de los primeros pintores en descubrir el arte japonés, y quien lo introdujo entre los artistas españoles. En cualquier caso, la mayoría de pintores españoles de la época se establecieron en un momento u otro de sus vidas en París, donde entraron más directamente en contacto con estas tendencias.

Comercio y coleccionismo

En España este arte tuvo una amplia difusión, y aunque la mayor parte llegaba de París, en la Barcelona de 1880 había una amplia red de establecimientos de arte oriental que fueron abriendo sucursales por toda España, facilitando el acceso de estos materiales a ciudadanos, burgueses y artistas como Riquer, Rusiñol, Guiard, Sorolla y Anglada Camarasa, naciendo así muchas de las importantes colecciones que todavía existen.

El Esteticismo

El arte japonés influyó estéticamente en las artes decorativas e industriales que, tras años buscando nuevas fuentes de inspiración que permitiesen configurar una estética moderna, tanto la industrialización como el estudio del arte japonés configuraron los pilares de una corriente artística y un estilo nuevos denominado esteticismo. En la década de 1880 este movimiento generó un estilo decorativo, en ocasiones esquemático y simplificado, y a veces de gusto artificioso, que frecuentemente utilizó los modelos japoneses para introducir una nueva concepción del espacio, sin márgenes ni simetrías. Así, el esteticismo recreaba paraísos donde la fantasía y la sensibilidad naturalista afloraban como rasgo distintivo y como precedente del futuro modernismo. A través de una naturaleza esbelta, el arte japonés contribuyó a proporcionar un nuevo y poético sentido a la representación del mundo natural.


La Exposición Universal de 1888

La exposición de Barcelona de 1888 fue el primer certamen internacional celebrado en España y, al mismo tiempo, la primera ocasión en que Japón se presentaba de forma oficial en la península, con la aportación de muestras representativas de sus mejores industrias y de algunos de sus mejores artistas. Además de acercar el arte de Japón a los visitantes, el certamen facilitó el contacto entre catalanes y japoneses, propiciando el establecimiento de los primeros nexos comerciales directos entre empresarios catalanes y japoneses.

De la participación japonesa en la exposición han sobrevivido muchos recuerdos concretados en descripciones e imágenes, así como en piezas significativas, como pueden ser el mueble regalado por la casa imperial nipona a la reina regente María Cristina, objetos artísticos comprados en el pabellón por particulares como Josep Mansana y álbumes de estampas adquiridos por el Ayuntamiento de Barcelona.

Japonismo y modernismo, una simbiosis

Durante el modernismo el arte japonés se convirtió en un elemento intrínseco del arte. Su difusión y aceptación generalizadas permitieron que se convirtiese en modelo para muchos artistas, que lo estudiaron y extrajeron del mismo propuestas estéticas variadas, tanto en las representaciones de la naturaleza como en la aplicación de nuevos recursos formales propios de las estampas japonesas.

La difusión del japonismo se hizo evidente no tan solo en el campo de las artes gráficas y decorativas y en la pintura, sino también en el mundo de los espectáculos, tanto de magia, circo, teatro y ópera como de cine, e incluso en la vida más privada, con la introducción del imaginario japonés en el mundo de la publicidad, la decoración de interiores y la cotidianidad. De esta forma, el maridaje entre japonismo y modernismo convirtió al arte japonés en un ingrediente esencial de la modernidad artística de finales de siglo.

La pervivencia del japonismo

Tras el modernismo, el descubrimiento de nuevas facetas del arte japonés continuó seduciendo a artistas de las tendencias más dispares. Se producían aproximaciones orientalistas que veían en el arte japonés la expresión de un exotismo lejano y de origen incierto. En paralelo, y aparte de mantenerse vivo el japonismo desarrollado durante el modernismo, a partir de la década de 1920 un Japón nuevo, desconocido hasta entonces, despertó el interés tanto de poetas como de pintores, ceramistas, diseñadores y lacadores. La delicadeza, el gusto por la sencillez, la austeridad poética y la imperfección de formas y texturas, elementos idiosincrásicos de la cultura japonesa, se convirtieron en fuente de inspiración para una nueva generación de artistas que descubrieron en las artes tradicionales de Japón un lirismo de cualidades únicas, de las que siguieron aprendiendo.

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