Murata cheerleader

Por Jordi Ferré

Murata Manufacturing Co., una compañía establecida en Nagaokakyo (Prefectura de Kyōto), es una de las más punteras del mercado electrónico japonés y mundial, abarcando con sus productos aplicaciones muy diversas desde teléfonos móviles hasta tecnología médica, pero una de las que los ha puesto en la primera plana de las noticias tecnológicas es la robótica.

En el campo de la robótica, de momento disponen de los robots Murata Boy y Murata Girl, robots capaces de montar en bicicleta, pero en este artículo nos centraremos en los robots Murata Cheeleaders, un grupo de diez robots que, utilizando lo más avanzado en tecnología de sensores y comunicaciones, así como en tecnología de control grupal, son capaces de una estabilidad total y unos movimientos perfectamente sincronizados.

Cada Murata Cheerleader tiene 36cm de altura, y se equilibra sobre una bola de metal de 12cm de diámetro. Su peso es de 1.5Kg, pueden moverse a 30cm por segundo, y si realmente actuasen como cheerleaders de un equipo deportivo, podrían seguir funcionando hasta la media parte, o estar animando durante 1 hora ininterrumpidamente. Durante su presentación fueron capaces de efectuar una rutina casi perfecta manteniendo la formación en un espacio de tan solo 4 metros cuadrados, moviendo sus cuerpos como si siguieran la música, para acabar simultáneamente extendiendo los brazos (debemos recordar que había 10 robots moviéndose simultáneamente en este pequeño espacio).

Los Murata Cheerleaders destacan por su estabilidad, y a pesar que en su presentación, a mediados de septiembre de 2014, presentaron algunos defectos menores en su sincronización (basada en los movimientos sincronizados de las bandadas de pájaros o como las hormigas colaboran para transportar objetos muy grandes), consiguieron demostrar la importancia de este desarrollo tecnológico. Uno de los elementos más importantes a tener en cuenta es el hecho de que cada robot sabía en todo momento la posición de los demás a través de una red WiFi controlada por un programa especializado, y que era el responsable de enviar a cada robot instrucciones de movimiento 10 veces por segundo, y así ajustar su posición al centímetro. Esta tecnología ha sido desarrollada en colaboración con el laboratorio de Fumitoshi Matsuno, profesor de la Universidad de Kyōto.

El secreto de su magnífica estabilidad se basa en tres giro-sensores, que identifican la dirección en la que su cuerpo se está dirigiendo, para hacer que se mueva en esa dirección, manteniendo el equilibrio. Se trata de una mejora del sistema giro estabilizador desarrollado para Murata Boy y Murata Girl. Estos sensores no son demasiado diferentes de los de los sistemas de control de estabilidad utilizados en los vehículos. Cada Murata Cheerleader está equipado con cinco micrófonos ultrasónicos y cuatro sensores infrarrojos instalados en la cabeza. Esta información permite, vía una red WiFi determinar la posición real en tiempo real, así como las posiciones relativas. Cada cheerleader tiene un módulo de comunicaciones para suministrar esta información al sistema de control central, que procesa los datos y envía instrucciones de movimiento a los robots.

Entre las aplicaciones prácticas encontramos algo mucho más vital que conseguir que los robots bailen, como por ejemplo aplicarlo a operaciones de rescate en caso de desastres naturales, permitiendo a un grupo de robots trabajar de forma coordinada en aquellas funciones en que la operación no puede ser completada por una sola unidad. Entre otros proyectos derivados de esta tecnología, el profesor Matsuno ha hablado de la posibilidad de crear un equipo de robots del tamaño de las hormigas para entrar en edificios derruidos y buscar supervivientes o retirar bloques de grandes dimensiones.


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