Discurso de Abe Shinzo con motivo del 70 Aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial

El siguiente es el texto integro del Discurso de Abe Shinzo con motivo del 70 Aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, un discurso que ha levantado gran expectación entre todos los medios, tanto de su país como de sus vecinos, y que finalmente parece que no ha acabado contentado a nadie por no manifestar de forma abierta algunos de los temas de los que se quería su reacción oficial.

En el 70 Aniversario del final de la guerra, debemos reflexionar tranquilamente sobre el camino de la guerra, el camino que tomamos desde entonces se ha acabado, así como la era del siglo XX. Debemos sacar la sabiduría para nuestro futuro de las lecciones de la historia.

Hace más de cien años, los poderes occidentales poseían vastas colonias que se extendían por todo el mundo. Con su abrumadora supremacía tecnológica, la marea del colonialismo se dirigió hacia Asia a lo largo del siglo XIX. No existe duda alguna que el resultante sentido de crisis llevó a Japón a avanzar para conseguir su modernización. Japón constituyó un gobierno constitucional mucho antes que otras naciones asiáticas, y consiguió conservar su independencia. La Guerra Ruso-Japonesa dio el coraje necesario a muchos pueblos asiáticos y africanos bajo gobiernos coloniales. Tras la Primera Guerra Mundial, que se libró por todo el mundo, los movimientos de auto-determinación cobraron impulso y frenaron el colonialismo que se había impuesto hasta entonces. Fue una guerra terrible que se cobró diez millones de vidas. Con un fuerte deseo de paz despertado en su interior, se fundó la Liga de las Naciones y se acabó firmando el Tratado General de Renuncia a la Guerra, ambos surgieron de la comunidad internacional como una reacción que deseaba proscribir la propia guerra.

Al principio Japón siguió los mismos pasos que las otras naciones. Sin embargo, con la llegada de la Gran Depresión, y las economías occidentales creando bloques económicos que implicaban a las economías coloniales, la economía japonesa sufrió un duro golpe. En tales circunstancias, el sentimiento de aislamiento de Japón se profundizó y el país trató de superar su aislamiento diplomático y económico mediante el uso de la fuerza. Su sistema político local no sirvió de freno a dichos intentos y, de esta forma, Japón perdió de vista las tendencias generales en el mundo. Tras el Incidente de Manchuria, seguido por su retirada de la Liga de las Naciones, Japón gradualmente se transformó a si misma en un agresor en el nuevo orden internacional que la comunidad internacional trataba de establecer después de realizar grandes sacrificios. Japón tomó un camino equivocado y avanzó por el camino de la guerra.

Y hace setenta años, Japón fue derrotado.

En el 70 Aniversario del final de la guerra, inclino profundamente la cabeza ante las almas de aquellos que perecieron tanto en nuestro país como en el extranjero. Quiero expresar mi más profundo dolor y mis eternas y sinceras condolencias.

Más de tres millones de nuestros compatriotas perdieron la vida durante la guerra: en los campos de batalla mientras se preocupaban por el futuro de su tierra natal y deseando la felicidad para sus familias; en países remotos tras la guerra, bajo frío o calor extremos, sufriendo de desnutrición y enfermedad. Los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, los bombardeos aéreos de Tōkyō y otras ciudades, y las batallas terrestres en Okinawa, entre otras, se cobraron sin compasión un elevado coste entre los ciudadanos normales.

También en los países que lucharon contra Japón se perdieron innumerables vidas entre los jóvenes con futuros prometedores. En China, el Sudeste Asiático y las Islas del Pacífico, y en cualquier otro lugar que se convirtió en campo de batalla, numerosos ciudadanos inocentes sufrieron y cayeron víctimas de las batallas, además de sufrir de graves privaciones de alimento. Nunca debemos olvidar que habían mujeres tras esos campos de batalla cuyo honor y dignidad fueron gravemente malheridos.

Nuestro país causó un inmensurable daño y sufrimiento a gente inocente. La historia es dura. Lo que se ha hecho no puede deshacerse. Todos y cada uno de nosotros tiene su propia vida, sus sueños, y sus familiares queridos. Cuando contemplo honestamente este hecho tan obvio, incluso actualmente, me quedo sin palabras y mi corazón se rompe ante tamaño dolor.

La paz de la que disfrutamos actualmente existe únicamente gracias a estos grandes sacrificios. Y aquí se encuentra el origen del Japón posterior a la guerra.

Nunca jamás repetiremos la devastación de la guerra.

Incidente, agresión, guerra. Nunca jamás recurriremos a cualquier forma de amenaza o uso de la fuerza como medio para solucionar disputas internacionales. Abandonamos el gobierno colonial para siempre y respetamos el derecho de auto-determinación de todos los pueblos del mundo.

Con gran arrepentimiento por la guerra, Japón hizo esta promesa. Y sobre esta base hemos creado un país democrático y libre, que acata las leyes, y consecuentemente ha mantenido su promesa de no ir nunca mas a la guerra. Mientras silenciosamente nos sentimos orgullosos del camino que durante setenta años hemos seguido como nación de paz, seguimos decididos a no desviarnos nunca de este curso firme.

Japón ha expresado repetidamente sus sentimientos de arrepentimiento y disculpas de corazón por sus acciones durante la guerra. Para manifestar estos sentimientos a través de acciones concretas, hemos grabado en nuestros corazones las historias de sufrimiento de los pueblos de Asia que son nuestros vecinos: los pueblos del Sudeste Asiático como Indonesia, Filipinas y Taiwán, la República de Corea y China, entre otros; y nos hemos consagrado consistentemente a la paz y prosperidad de la región desde el final de la guerra.

Esta posición articulada por los gobiernos anteriores permanecerá inalterable en el futuro.

Sin embargo, no importa qué tipo de esfuerzos realicemos, la tristeza de aquellos que perdieron a sus familiares y los dolorosos recuerdos de aquellos que se vieron sometidos a grandes sufrimientos por la destrucción de la guerra jamás podrán sanar totalmente.

Por tanto, debemos aceptar de corazón lo siguiente.

El hecho de que más de seis millones de japoneses repatriados lograron regresar sanos y salvos a casa tras la guerra desde diversas partes de la zona de Asia-Pacífico, convirtiéndose en la fuerza directora de la reconstrucción de Japón después de la guerra; el hecho de que casi tres mil niños japoneses fueron dejados atrás en China, donde crecieron para finalmente poder pisar nuevamente su tierra natal; y el hecho de que antiguos prisioneros de guerra de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Australia y otras naciones han visitado Japón durante muchos años para seguir rezando por las almas de los muertos de ambos bandos.

¿Qué lucha emocional han tenido que librar y cuantos esfuerzos han sido necesarios para que los habitantes de China que soportaron todos los sufrimientos de la guerra y los antiguos prisioneros de guerra que experimentaron los sufrimientos causados por los militares japoneses aún así fueran tolerantes?

Es en estos hechos en los que debemos fijarnos.

Gracias a estas manifestaciones de tolerancia, Japón ha sido capaz de regresar a la comunidad internacional después de la guerra. Aprovecho la oportunidad que me brinda este 70 Aniversario del final de la guerra para expresar que Japón está agradecido de corazón a todas las naciones y a todos los pueblos que han hecho estos grandes esfuerzos de reconciliación.

En Japón las generaciones de posguerra ya superan el ochenta por cierto de la población. No dejaremos que nuestros hijos y nietos, y ni tan solo las generaciones posteriores, que no han tenido nada que ver con la guerra, estén predestinadas a disculparse. Aún así, nosotros, los japoneses, a lo largo de todas las generaciones, debemos enfrentarnos a la historia de nuestro pasado. Tenemos la responsabilidad heredada del pasado, y debemos transmitirla hacia el futuro.

Las generaciones de nuestros padres y abuelos pudieron sobrevivir en una tierra devastada sumidos en la pobreza de la posguerra. El futuro que nos proporcionaron es el que nuestra generación ha heredado y el que nosotros debemos pasar a la siguiente generación. Además del incansable esfuerzo de nuestros predecesores, esto solo ha sido posible por la buena voluntad y la ayuda que, dejando a un lado el odio, ofrecieron un gran número de países como los Estados Unidos, Australia y las naciones europeas, contra las que Japón había luchado ferozmente como enemigos.

Debemos transmitir esto de generación en generación hacia el futuro. Tenemos la responsabilidad de aprender las lecciones de historia y atesorarlas en nuestro corazón, para labrar un mejor futuro, y para hacer nuestro mayor esfuerzo en pos de la paz y la prosperidad de Asia y del mundo.

Debemos grabarnos en el corazón cuando Japón trató de romper por la fuerza el punto muerto en que se encontraba. Sobre esta reflexión, Japón seguirá manteniendo firmemente el principio que todas las disputas deben dirimirse pacífica y diplomáticamente, en base al respeto por la ley, y nunca mediante el uso de la fuerza, así como alentar a los demás países del mundo a hacer lo mismo. Como el único país que ha sufrido la devastación del bombardeo atómico durante la guerra, Japón cumplirá con su responsabilidad en la comunidad internacional, buscando la no proliferación y la final abolición de las armas nucleares.

Debemos grabarnos en el corazón el pasado, cuando la dignidad y el honor de muchas mujeres fue duramente malherido durante las guerras del siglo XX. Sobre esta reflexión, Japón desea ser un país que siempre apoye a las mujeres con corazones heridos. Japón liderará el mundo para conseguir que el siglo XXI sea una era en que los derechos humanos de las mujeres no sean violados.

Debemos grabarnos en el corazón el pasado, cuando formamos bloques económicos sembramos las semillas del conflicto. Sobre esta reflexión, Japón seguirá desarrollando un sistema económico internacional libre, justo y abierto que no se vea influenciado por las intenciones arbitrarias de ninguna otra nación. Reforzaremos la asistencia a los países en vías de desarrollo, y conduciremos al mundo hacia una mayor prosperidad. La prosperidad es el gran cimiento de la paz. Japón hará el mayor de los esfuerzos para luchar contra la pobreza, que a su vez sirve como caldo de cultivo para la violencia, y para proporcionar oportunidades para servicios médicos, educación y autosuficiencia para todos los pueblos del mundo.

Debemos grabarnos en el corazón el pasado, cuando Japón acabó convirtiéndose en un agresor contra el orden internacional. Sobre esta reflexión, Japón mantendrá firmemente los valores básicos de libertad, democracia y derechos humanos como valores irrenunciables, y trabajará mano a mano con los países que compartan estos valores, ondeando la bandera de "Proactivo Contribuidor a la Paz", así como contribuyendo a la paz y prosperidad del mundo más de lo que jamás haya hecho.

De cara al 80 y 90 Aniversario del final de la guerra, estamos decididos a crear este Japón junto con el pueblo japonés.

14 de Agosto de 2015
Abe Shinzo, Primer Ministro de Japón

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