La Batalla de Sekigahara (関ヶ原の戦い)

por Jordi Ferré

La historia de Japón está plagada de batallas y conflictos armados, pero si hay una batalla que marcó un antes y un después en la historia japonesa, esta sin duda fue la batalla de Sekigahara, que se libró el 21 de Octubre de 1600. A todo el que le guste ni que sea un poco la historia japonesa habrá oído hablar de este batalla y de que supuso el inicio del periodo de paz más largo que jamás ha vivido Japón bajo la firme batuta de los shogun del clan Tokugawa y el sistema político denominado bakufu que duraría hasta la Restauración Meiji a mediados del siglo XIX, casi trescientos años más tarde.

Pero, ¿qué sucedió realmente en Sekigahara? ¿Tan importante fue el resultado de la batalla? ¿Cómo se llegó a ella? ¿Otro resultado habría sido posible? Todo esto es lo que intentaré esclarecer en parte a continuación.

Los antecedentes

A finales del siglo XVI, Japón se veía sacudido por constantes guerras entre los diversos señores feudales (daimyo) que trataban de acumular poder a costa de los otros señores. En medio de estas guerras surgieron una serie de nombres que, con razón, han acabando siendo considerados los grandes unificadores del país, y que se esforzaron en conseguir ser los gobernantes supremos del Imperio del Sol Naciente, bajo una serie de Emperadores que desde hacía mucho tiempo no eran más que un símbolo, sin poder político real. El primero fue Oda Nobunaga, que murió asesinado. El segundo fue Toyotomi Hideyoshi, que fue el primero en conseguir acabar con el asesino de Nobunaga, y así recoger todo el poder que este había acumulado. Hideyoshi siguió la política de Nobunaga y de facto fue el primero que realmente consiguió pacificar el país, aceptando la lealtad de los demás daimyo, y doblegando por la fuerza a los que no querían inclinarse ante él. Entre los grandes aliados que tenía Hideyoshi estaba el que después sería el tercer y definitivo gran unificador, Tokugawa Ieyasu, que era el daimyo más rico del país, pero también una persona paciente.

Hideyoshi consiguió unificar el país, pero sus orígenes humildes le impedían optar al poder máximo que un samurai podía obtener del Emperador, el título de shôgun, reservado exclusivamente para samuráis de antiguo linaje. A pesar de ello, fue nombrado kanpaku (関白), que sería como un primer ministro civil. En cualquier caso, seguía siendo el señor indiscutible de todo Japón. Pero los guerreros samuráis, después de tanto tiempo luchando, querían más, cosa que en parte motivó la expedición de conquista a Corea. Aquí no hablaremos de esta campaña, a pesar de que tiene su relevancia pues algunas de las decisiones tomadas durante la campaña más tarde influenciarían la batalla de Sekigahara, ocho años más tarde.

Pero Hideyoshi se estaba haciendo viejo, y como todo gobernante absoluto, quería perpetuar su linaje en el poder, motivo por el que transfirió su posición de kanpaku a su hijo adoptivo Hidetsugu, adoptando él el título de Taikô (太閤, nombre que recibían los kanpaku retirados), que es con el que generalmente se le conoce.


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En mayo de 1598, Hideyoshi enfermó, y temiendo por la sucesión de su hijo, consiguió que los daimyo más poderosos de Japón jurasen proteger y defensar a su hijo de 5 años, Hideyori, que había sustituido a su hermanastro Hidetsugu en la posición de kanpaku, cuando el primero fue "invitado" a hacerse el seppuku (suicidio ritualç) por un imaginario complot contra su padre adoptivo. De esta forma, después de la muerte de Hideyoshi el 15 de septiembre de 1598, mientras su hijo fuera menor, el poder quedaba en manos de un consejo de regentes formado por Tokugawa Ieyasu, Maeda Toshiie, Uesugi Kagekatsu, Môri Terumoto y Ukita Hideie, que recibieron el título de tairô (大老, literalmente, gran anciano). Del bienestar directo de Hideyori se encargaron Tokugawa Ieyasu, que ocupó el castillo de Fushimi, el preferido de Hideyoshi, cerca de la capital; y Maeda Toshiie, que era su guardián físico, y que estaba establecido en el castillo de Ôsaka.

Pero además, existía un cuerpo de cinco bugyô (奉行) o comisionados que estaban encargados de supervisar el gobierno de la capital. Entre estos estaba Ishida Mitsunari, al que se podría considerar un conspirador compulsivo. Misunari trató de menoscabar el poder de Tokugawa Ieyasu, y durante un tiempo las intrigas y los intentos de asesinato entre las dos facciones que iban perfilándose se sucedieron, provocando incluso algunos conflictos armados. Como curiosidad, decir que Mitsunari llegó a tener que huir de Ôsaka en un palanquín y disfrazado de mujer, para ir a pedir el perdón de Tokugawa al castillo de Fushimi (y este se lo concedió).

Maeda Toshiie era un anciano, y murió durante la primavera de 1599. Como la posición de guardián físico de Hideyori había quedado vacante, Tokugawa se trasladó a Ôsaka, ocupando el castillo y la posición de Maeda, cosa que no gustó nada a los demás regentes. Finalmente, el 22 de agosto, todos los bugyô, y tres de los otros cuatro tairô (tan solo se abstuvo de decir nada Maeda Toshinaga, que había ocupado la posición de su difunto padre) formularon una queja formal contra Tokugawa, bajo trece cargos contra sus atribuciones como tairô. Tokugawa simplemente los ignoró, pero ambos bandos ya llevaban tiempo armándose y reuniendo partidarios para el inminente conflicto que se respiraba.

Primeros movimientos de la campaña

En julio, al Norte, Uesugui Kagekatsu estaba reforzándose, cosa que hizo que Tokugawa se pudiera en movimiento, regresando a Edo, pero lo hizo sin darse ninguna prisa, tardando cuarenta días en realizar el viaje. Aunque la verdad es que aprovechó la situación para poder colocar a sus generales allí donde más le convenía que estuvieran. Kagekatsu confiaba en que antes que Tokugawa pudiera realmente atacarle, Mitsunari estaría en posición de atacar a Ieyasu por la espalda. Confiado, Kagekatsu atacó, Môgami Yoshiakira y Date Masamune, aliados de Ieyasu, contraatacaron. Y también lo habría hecho Maeda Toshinaga, si no hubiera estado preocupado por una guerra contra su hermano y otros que apoyaban a los que ya se denominaban leales, pues apoyaban (ni que fuera nominalmente) a Hideyori y su derecho a gobernar. Un cuarto daimyo, Satake Yoshinobu se negó a luchar contra Kagekatsu, pero Ieyasu confiaba en que Yoshiakira y Masamune se encargarían de Kagekatsu, cosa que le permitió seguir muy de cerca las acciones de sus adversarios.

El 17 de agosto se reunieron en el castillo de Sawayama, en el feudo de Mitsunari, los principales conspiradores. Se reunieron Ukita Hideie como representante de Mitsunari; Shimazu Yoshihiro, un anciano de 65 años, señor de Satsuma; Kobayakawa Hideaki; Nabeshima Katsushige, hijo del señor de Saga; Chôsolabe Morichika, señor de Tosa; y Ôtani Yoshitsugu, señor de Tsuruga, que en realidad estaba marchando para unirse a Ieyasu cuando Mitsunari lo interceptó y le convenció de unirse a ellos, cosa que habría de lamentar el resto de su vida.

Mientras Ieyasu esperaba el desarrollo de la situación en Edo, confiado en que Kagekatsu estaba demasiado ocupado, los leales a Hideyorivan forjaron lo que se acabaría denominando el ejército del Oeste. Môri Terumoto fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas del Oeste, y encargado de proteger personalmente a Hideyori, a pesar de que Mitsunari seguía siendo quien dirigía las tropas. A pesar de ello, Terumoto envió diversos mensajes a Ieyasu y sus generales asegurándoles que en caso de conflicto sus tropas no atacarían al ejército del Este que es como se ha denominado a las tropas que reunió Tokugawa Ieyasu para esta campaña.

A partir de este momento podemos decir que la campaña que condujo a la batalla de Sekigahara fue un cúmulo de despropósitos y situaciones que, de haber resultado de otra forma, podrían haber cambiado totalmente la historia de Japón.

El 27 de agosto las fuerzas del Oeste asediaron el castillo de Fushimi. Las tropas defensoras, al mando de Torii Mototada, del que Ieyasu ya se había despedido al iniciar su viaje hacia Edo, sabían que no podían sobrevivir, pero su misión era precisamente resistir todo lo posible, cosa que hicieron hasta el 6 de septiembre, cuando con el castillo en llamas y quedando tan solo seis samuráis con vida, todos ellos se suicidaron. Mitsunari había perdido 10 días y 3.000 hombres.

Hosokawa Yûsai era un samurai y un erudito, muy apreciado por todo el mundo, por lo que los del Oeste querían que se les uniese para obtener una victoria moral. Pero Yûsai, enfadado con una acción de Mitsunari, que había causado la muerte de su hija, se negó, y con sus 500 hombres se encerró en el castillo de Tanabe, en la provincia de Tango. A mediados de agosto, 15.000 hombres bajo el estandarte de Ishida asediaron el castillo, suplicándole que se rindiera, ya que no querían tener que matarlo si persistía en su actuación suicida. De esta forma, lo que debería haber sido una victoria rápida se fue alargando, en buena parte por que en muchos de los disparos de cañón que se efectuaron contra el castillo, se les "olvidó" poner l proyectil. Yûsai tenia en su castillo una gran cantidad de documentos y libros, la pérdida de los cuales habría estado literalmente irreemplazable, por lo que pidió permiso para llamar a un enviado imperial para que se los llevara. Este no tardó en llegar, y en nombre del Emperador le suplicó a Yûsai que se rindiera, pues su muerte sería una gran pérdida para la cultura. Yûsai, que se consideraba antes un samurai que un erudito, estaba decidido a morir al servicio de su señor, Ieyasu. Finalmente, temiendo por su vida, el Emperador le ordenó que rindiera la guarnición. Yûsai se vio obligado a cumplir las órdenes del Emperador, y finalmente rindió el castillo el 19 de octubre, saliendo del castillo con todos sus hombres, y marchando sin interferencia alguna por parte de las tropas de Mitsunari hacia Kyôto, donde se dedicó a sus artes. Pero en total había conseguido inmovilizar 15.000 soldados muy lejos del frente, que de otra forma habrían podido estar luchando en Sekigahara.

En Otsu, en una posición estratégica al sudoeste del lago Biwa, Kyôgoku Takatsugu y 3.000 hombres mantuvieron ocupados 15.000 hombres bajo el mando de Môri Motoyasu, Tachibana Muneshige y Tsukushi Hirokado, e incluso de las fuerzas navales de Mashita Nagamori. Da la casualidad de que esta batalla se convirtió en todo un espectáculo para los habitantes de Kyôto, que se situaron en los techos de sus casas o en la falda de las montañas para ver como se desarrollaba. Los constantes asalto acabaron teniendo éxito el 21 de octubre, por lo que estas tropas tampoco lograron estar presentes en la batalla decisiva.

Pero no solo el ejército del Oeste sufrió estros problemas. Tokugawa Hidetada, tercer hijo de Ieyasu, recibió órdenes de avanzar siguiendo la ruta Nakasendô con 36.000 hombres. Según sus instrucciones, tenía que evitar el castillo de Ueda, y reunirse con su padre y las tropas que avanzarían siguiendo al ruta Tôkaidô en la zona de Mino. La verdad es que Hidetada decidió asediar el castillo, que estaba defendido por Sanada Masayuki, quien tenía la nada agradable posición de tener un hijo al frente de tropas de ambos ejércitos. Su hijo menor, Yukimura, era el esposo de la hija de Ôtani Yoshitsugu, uno de los principales comandantes de Mitsunari; mientras que su hijo mayor Nobuyuki, era el yerno de Honda Tadakatsu, uno de los principales generales de Ieyasu. Lealtades al margen, Masayuki era un veterano comandante de guarnición, y mucho mejor que Hidetada, por lo que no tuvo ningún problema en resistir cuatro días hasta que Hidetada, preocupado por llegar tarde a la reunión con su padre, levantó el asedio y se dirigió a toda velocidad hacia Sekigahara, dónde llego el mismo día 21, pero demasiado tarde, cuando su padre ya estaba contando cabezas.

Movimientos previos a la batalla

Edo y Kyotô estaban conectadas por dos carreteras principales, la ruta Nakasendô y la ruta Tôkaidô. Por la primera avanzaba Tokugawa Hidetada con 36.000 hombres, mientras que por la otra lo hacía Tokugawa Ieyasu con el ejército principal. Ambas carreteras se juntaban cerca de la capital, y había dos castillos estratégicamente situados para controlar el paso por ambas rutas. Kiyosu, controlado por Ôsaki Genba en nombre de Fukushima Masanori, aliado de Ieyasu, y Gifu, controlado por Oda Hidenobu, nieto de Oda Nobunaga y leal a las fuerzas del Oeste. Las fuerzas de Ieyasu controlaron ambos con gran facilidad con la avanzada de las tropas del Este. Esta avanzada, formada por 16.000 hombres a las órdenes de Fukushima Masanori, Kuroda Nagamasa, Honda Tadakatsu, Ii Naomasa y Hosokawa Tadaoki ocuparon el castillo de Gifu incluso antes de que Ieyasu abandonara Edo, el 7 de octubre, con 30.000 hombres. Al contrario que en su viaje de Ôsaka a Edo, en el que había tardado cuarenta días, con tan solo unos pocos miles de hombres, ahora hizo el mismo recorrido en tan solo dos semanas, cosa que tomó a contrapié a las tropas del Oeste.

Mientras tanto, las fuerzas del Oeste se estaban reuniendo en el castillo de Ôgaki, donde Mitsunari estaba desde el 15 de septiembre. Como Ieyasu controlaba los castillos de Kiyosu y Gifu, podía evitar sin problemas Ôgaki, y dirigirse hacia Ôsaka o Sawayama a voluntad, bloqueando además a Mitsunari en el castillo de Ôgaki con una pequeña fuerza de contención. El 19 de octubre Ieyasu llegó al castillo de Gifu, y aproximadamente a mediodía del 20 de octubre llegó a Akasaka, un pequeño pueblo cercano al cuartel general del Oeste en Ôgaki, donde buena parte de sus tropas llevaban semanas acampadas.

Preocupados por la posibilidad de una salto inmediato, las fuerzas del Oeste enviaron una pequeña fuerza compuesta por 500 hombres a las órdenes de Shima Sakon y 800 hombres a las órdenes de Akashi Masataka para poner a prueba las fuerzas de Ieyasu. No se trató más que de una pequeña escaramuza, pero Mitsunari confirmó que se encontraba en una posición de inferioridad, y que necesitaba moverse a otra posición que le permitiera evitar que Ieyasu se dirigiera a Ôsaka o Sawayama, que eren las plazas importantes, no Ôgaki.

Fue entonces cuando Shimazu Yoshihiro sugirió un ataque a gran escala por la noche, aprovechando que la mayor parte de las tropas estarían agotadas. Ukita Hideie apoyó esta propuesta, pero el estratega de Mitsunari, Shima Sakon, se rió de ellos diciendo que se trataba de una táctica de cobardes, así que finalmente se decidió no hacerlo. Pero esto no solucionaba el problema de encontrar una posición más adecuada. Esta llegó de parte de los últimos miembros de las fuerzas del Oeste en llegar, Kobayakawa Hideaki, que había ocupado posiciones en una colina cerca de un valle por el que la ruta Nakasendô confluía con la ruta Tôkaidô y la carretera que venía del Norte, Hokkoku Kaidô. Para llegar hasta allí tendrían que hacer un considerable rodeo, pero sobre las 19:00 horas del día 20, Mitsunari ordenó una retirada general hacia el valle. Unos 18 Km de marcha, de noche, bajo una lluvia intensa y una niebla que causó muchos problemas de coordinación. Pero a pesar de todos los problemas, el ejército estaba formado por tropas muy bien disciplinadas y con muchas batallas a sus espaldas, de forma que sobre la 1:00 de la madrugada las tropas llegaron al valle y empezaron a desplegarse formando una caja en la que poder atrapar a las fuerzas del Este. De hecho, incluso tuvieron tiempo de levantar algunas barreras defensivas.

Sobre medianoche, Ieyasu fue informado de los movimientos de Mitsunari y sus fuerzas, ordenando a sus propias fuerzas que también se pusieran en movimiento. Ieyasu siguió una ruta mucho más directa, por lo que llegó casi a la misma hora que Mitsunari estaba desplegando sus fuerzas. La niebla era tan espesa, que sobre las 4:00 de la madrugada las fuerzas de Fukushima Masanori, que iban en cabeza, entraron en contacto con las tropas de Ukita Hideie. Hubo algunos enfrentamientos, pero las tropas del Este retrocedieron y el incidente acabó tan abruptamente como había empezado.

Las tropas estaban desplegadas, y listas para iniciar la batalla en cuanto despuntara el alba. Mitsunari estaba convencido de que lograría la victoria ya que estaba mejor situado, ocupando las partes elevadas, mientras que Ieyasu estaba en el fondo del valle, y su estrategia de la caja para destruir a Ieyasu parecía imposible que fallara.

Las tropas implicadas

Ambos bandos llegaron a la batalla con fuerzas numéricamente muy similares, aproximadamente 85.000 hombres por bando, pero lo que resultaría decisivo durante la batalla fue el que diversos generales del Oeste finalmente no participaron en la batalla, o directamente cambiaran de bando.

Tokugawa Ieyasu había recibido diversas cartas de Kobayakawa Hideaki en las que le aseguraba que en la batalla decisiva le apoyaría a él en vez de a Mitsunari; y los Môri también le habían asegurado que no se enfrontarían a él, pero aún así, la situación no estaba nada clara.

Hay historiadores que consideran que las tropas que se enfrentaron fueron muy superiores, tal vez hasta 200.000 hombres, pero el único que he encontrado que se haya atrevido a dar cifras más sólidas indica que las fuerzas de cada bando estaban compuestas por:

Ejército del Este

Tokugawa Ieyasu 30.000
Honda Tadakatsu 500
Hosokawa Tadaoki 5.000
Ii Naomasa 3.600
Matsudaira Tadayoshi 3.000
Tsuitsui Sadagatsugu 2.850
Arima Toyouji 900
Asano Yukinaga 6.510
Fukushima Masanori 6.000
Ikeda Terumasa 4.560
Ikoma Kazumasa 1.830
Kanamori Nagachika 1.140
Katô Yoshiaki 3.000
Kuroda Nagamasa 5.400
Kyôgoku Takatomo 3.000
Oda Yûraku 450
Tanaka Yoshimasa 3.000
Terazawa Hirotaka 2.400
Todô Takatora 2.490
Yamanouichi Kazutoyo 2.058
Yoshida Shigekatsu 1.200
TOTAL 88.888

Ejército del Oeste

Môri Terumoto*** -
Ishida Mitsunari 2.000
Shima Sakon 1.000
Gamo Bitchû 1.000
Akaza Naoyasu* 600
Chôsokabe Morichika** 6.600
Kikkawa Hiroie* 3.000
Môri Hidemoto** 15.000
Ankokuji Ekei** 1.800
Kobayakawa Hideaki* 15.600
Konishi Yukinaga 4.000
Kuchiki Mototsuna* 600
Natsuka Masaie 1.500
Ogawa Suketada* 2.100
Ôtani Yoshitsugu 600
Ôtani Yoshikatsu &
Kinoshita Yorichika
3.500
Shimazu Yoshihiro 750
Shimazu Toyohisa 750
Toda Shigemasa &
Hiatsuka Tamehiro
1.500
Vasallos del Clan Toyotomi 2.000
Ukita Hideie 17.000
Wakizaka Yasuharu* 990
TOTAL 81.890

Notas:
* indica tropas que finalmente no lucharon, o que lo hicieron a favor del ejército del Este.
** indica tropas que finalmente no pudieron entrar en combate a pesar de estar dispuestas a hacerlo.
*** no estaba presente pero nominalmente era el comandante en jefe


Si tenemos en cuenta las tropas que realmente combatieron, tenemos que las fuerzas reales del ejército del Este fueron de 111.778, y las tropas que realmente lucharon por el ejército del Oeste fueron de tan solo 35.600 hombres (22.890 cambiaron de bando, y 23.400 no llegaron a combatir).

Nota personal: a pesar de que no dudo que los datos que he obtenido de las tropas estén basados realmente en documentos de la época, me resulta muy sospechoso que las tropas del ejército del Este (todo ochos) tenga una cifra tan exacta, y con tanta "buena suerte" según los cánones japoneses. Pero insisto que es una apreciación puramente personal.


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La batalla

Cuando finalmente se levantó la niebla sobre las 08:00 horas, ambos ejércitos se sorprendieron de cuan cerca estaban los unos de los otros, una distancia que a la carrera podía recorrerse en muy pocos minutos.

No se sabe quién dio en primer lugar la orden de atacar, pero los primeros en moverse fueron los 30 jinetes con todo su equipo rojo intenso, desde las armaduras a las armas y los estandartes. Eran los "diablos rojos" , las tropas de choque de Ii Naomasa, que se adelantaron a Fukushima Masanori, quien había obtenido el permiso para ser quien encabezara el ataque, cosa que le obligó a actuar para no quedar atrás, y el resto de tropas siguieron el ejemplo, en parte como respuesta a estos movimiento, y en parte por una eterna rivalidad entre los generales japoneses, incluso dentro del propio ejército.

LLa consecuencia evidente fue que aquella batalla no se resolvería siguiendo los planes de sus comandantes en jefe, especialmente porque no habían podido desarrollar ninguna estrategia a escala global. La batalla se rigió por una única máxima: "destruye al enemigo".

A pesar de ello, las tropas implicadas tenían mucha experiencia en batalla, como habían demostrado en las complicadas maniobras nocturnas de la noche anterior, y la batalla no degeneró en un caos de luchadores, sino que cada unidad mantuvo sui coherencia y las diversas unidades cumplieron con sus funciones con gran eficiencia.

Los combates más duros se libraron entre los aproximadamente 20.000 hombres del ejército del Oeste que atacaron las posiciones de Mitsunari y las tropas de este situadas al pie del monte Tengû. De todas las tropas del Este implicadas, el que más afán tenía era Kuroda Nagamasa, que liberó toda su animosidad contra Mitsunari acumulada durante la campaña de Corea. Pero no era el único, por lo que es de admirar la gran resistencia que ofrecieron Mitsunari y sus tropas, y la eficacia de las defensas erigidas rápidamente la noche anterior.

Después de una dura lucha, Mitsunari hizo disparar los cañones que tenía contra las tropas del Este. No es que creyera que iban a ser muy efectivos, pues estaban pensados para los asedios, no para las batallas campales, pero si tuvieron un efecto psicológico, y logró hacer retroceder a los asaltantes, dándole un respiro.

En el otro extremo del campo de batalla, las tropas de Asano Yukinaga atacaron las de Natsuka Masaie, ante la impasibilidad de las otras tropas de la zona, especialmente las de Môri Hidemoto, que esperaban órdenes de Kikkawa Hiroie para atacar. Pero estas órdenes no llegaron, y las tropas no intervinieron.

De todos los combates, el más caótico y duro fue el que enfrentó las fuerzas de Fukushima Masanori y Ukita Hideie, con constantes movimientos de avance y retroceso, ataques y contraataques por ambos bandos.

Sobre las 10:00 horas, Ieyasu acercó su cuartel general a la línea del frente, nervioso porque, a pesar de parecer que sus tropas estaban cobrando ventaja, tan solo unos 35.000 hombres del enemigo habían entrado realmente en combate. Al margen de las tropas que anteriormente ya hemos comentado que no entraron en combate o que cambiaron de bando, las que hasta esos momentos todavía no se habían movido, a pesar de estar situadas muy cerca de la zona donde la lucha era más dura, eran las tropas de Shimazu Yoshihiro, quien el día anterior había tratado de convencer a Mitsunari de lanzar un ataque nocturno. Se especula que su inactividad fue una especie de venganza por la mofa de que había sido objeto la noche anterior.

Hacia las 11:00 horas la línea de batalla no existía, con partes de cada ejército más adelantadas o atrasadas que la supuesta línea del frente, así que Mitsunari decidió que ya era hora que Kobayakawa Hideaki avanzara, aunque la posición no era la adecuada para cerrar la caja en la que había planeado encerrar las tropas de Ieyasu. Pero Hideaki no se movió. Como tampoco lo hicieron las tropas del otro extremo del campo de batalla, ya que no podían hacerlo si no lo hacía Kikkawa Hiroie, a pesar que la señal también los implicaba, pues tenían que cerrar el extremo final de la caja.

En el otro bando, Ieyasu también estaba muy atento a lo que hacía Hideaki ya que, a pesar de sus misivas asegurándole que no le atacaría, Ieyasu tenía que estar seguro de cómo actuaría finalmente. Incluso situó tropas para presionar a Hideaki para que actuara de una u otra forma. Y parece que lo logró. El fuego de los mosquetes de Ieyasu puso en movimiento a Hideaki, que cambió de bando y atacó por sorpresa al ejército del Oeste. El primero en recibir su impacto fue Otani Yoshitsugu, que había previos la posible deserción de Hideaki, y había tomado medidas para evitar ser flanqueado por este, pero la situación en el campo de batalla y su pequeño número de tropas no fueron suficientes para evitar ser aniquilado. Los siguientes objetivos de las tropas de Hideaki no habían sido tan previsores, y fueron arrasadas.

Sobre las 14:00 horas las tropas del Oeste estaban huyendo en desbandada e Ieyasu era el amo del campo de batalla. Ya solo quedaba acabar con los pequeños núcleos de resistencia. Ieyasu declaró el final de la batalla y se inició la ceremonia de observación de las cabezas, en la que los generales le mostraban las cabezas de los enemigos que habían matado. Hidetada llegó con sus tropas cuando esta ceremonia ya había acabado.

Las consecuencias

La campaña no acabó en Sekigahara, pero el resto fue como un paseo triunfal. eL 22 de octubre las tropas llegaron a Sawayama, donde Kobayakawa Hideaki tuvo el honor de estar al frente del ataque. Un desmoralizado Ishida Masazumi, hermano de Mitsunari, capituló y se suicidó en medio del castillo en llamas al día siguiente.

El resto de "leales" a Hideyori fue cayendo y o bien se suicidaron, o bien fueron ajusticiados. Por lo que respecta a Hideyori, como muchos de los aliados de Ieyasu todavía le debían mucho a su padre, fue nombrado señor de varias provincias y tres años más tarde se casó con la nieta de Ieyasu, que entonces tenía seis años de edad. Ese mismo año el Emperador Go-Yôzei otorgó a Ieyasu el título de shôgun.

Para recompensar a los que le habían apoyado, Ieyasu hizo numerosos cambios en las tierras que regía cada clan, confiscando tierras a más de 90 familias, y a pesar de que muchas pasaron a agrandar sus propios cofres, también repartió muchas entre sus vasallos. Además, se instauró un sistema dual de señores feudales, que se mantuvo hasta el final del bakufu. Los fudai daimyo, que eran 176 en total, eran aquellos que habían sido leales a Ieyasu desde antes de la batalla. Los otros 86, denominados tozama daimyo, eren los que tan solo le habían jurado lealtad a Ieyasu después de la batalla (muchas veces simplemente para conservar la vida).

Tokugawa Ieyasu dejó su posición de shôgun tan solo dos años después, en 1605. Había logrado su propósito de unificar el país bajo el gobierno de los Tokugawa. Su hijo Hidetada, al que finalmente perdonó por no haber llegado a tiempo a la batalla de Sekigahara, fue su sucesor.

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